Juan Mari Bras

Dos anécdotas sobre el carácter y liderato de Juan Mari Brás

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El pasado 2 de diciembre se celebró un conversatorio en las viejas facilidades del Instituto de Cultura Puertorriqueña en el Viejo San Juan en torno a consideraciones sobre la vida y obra del gran patriota nuestro Juan Mari Brás. Muchos de los que le conocimos en vida acudimos presurosos esa noche a rememorar con ese acto la vida, obra y virtual presencia de ese gran líder que produjo este pueblo para uno de los momentos más difíciles en nuestra historia.

El conversatorio estuvo a cargo de los compañeros Noel Colón Martínez y Carlos Gallisá Bisbal, quienes estuvieron muy acertados en los puntos que nos presentaban sobre la vida de Mari Brás, mayormente en su fase política, la cual ilustraban con interesantes anécdotas relacionadas al forcejeo político de Don Juan, desde sus años de joven luchador allá en Mayagüez. Por razones no del todo claras, el acto fue uno de corta duración y no se presentó la oportunidad de que el público interaccionara con los dos conferenciantes y así ampliar el conversatorio. De haber sido así, hubiera compartido allí lo que ahora me animo a poner por escrito.

Las dos anécdotas que puedo relatar sobre Don Juan, a mi juicio lo retratan como un líder que poseía unas cualidades de liderato que sólo vemos en algunos grandes líderes de la historia. Han surgido otros líderes en las lides políticas en nuestro país, pero carecen de algunos rasgos de liderato que Don Juan poseía como un don natural.

La primera anécdota nos sitúa comenzando el año 1973, luego de que ya habíamos ganado aquella batalla histórica contra la entrega gubernamental de las minas de cobre de Lares-Utuado-Adjuntas. Entonces yo era un joven ingeniero electricista haciendo carrera profesional dentro de la AEE (entonces AFF) en la División de Planificación y Estudios. Ese lugar era el “nervio” dentro de la AEE, pues todo el crecimiento y planificación técnica y financiera de la empresa se controlaba desde allí. Entonces yo noté un ajoro poco usual desde que Teodoro Moscoso anunciaba al País que su nuevo plan de desarrollo económico iba a girar alrededor de un superpuerto petrolero que elevaría en forma exponencial las cantidades de petróleo que llegarían a Puerto Rico para ser procesadas, antes de embarcarlas al gran mercado de los EUA. Inicialmente se habló de que el superpuerto estaría localizado en Isla de Mona, pero por razones geológicas, falta de espacio y de infraestructura industrial de apoyo, se cambió el lugar al área de Rincón. El papel de la AEE era el de asegurar que la infraestructura eléctrica estuviera lista para darle servicio a ese gran proyecto industrial.

Entonces un día me puse a ver por curiosidad una de las revistas de temas energéticos y de petróleo que se recibían allí, pero que muchos ignoraban. Una de ellas, de la SHELL, me llamó poderosamente la atención, pues hablaba de las cosas que los EUA tenía que hacer para asegurar el transporte de millones de barriles diarios de petróleo desde el norte y occidente de África, de Venezuela y del Golfo Pérsico hacia el mercado norteamericano. El volumen del tráfico petrolero era tan grande que requería barcos especiales llamados supertanqueros y puertos de hondo calado para recibirlos. De ahí el término superpuertos. Había un mapa que dibujaba las rutas cuyo ancho era proporcional al volumen del petróleo que habrían de traficar. Cuando esas rutas llegaban al Caribe, Puerto Rico desaparecía en el mapa. Me resultó evidente que Moscoso no nos estaba diciendo toda la verdad de las implicaciones de aquel plan, pues pudiera ser que estuvieran considerando más de un superpuerto para Puerto Rico. Por otro lado, el mismo estudio de la SHELL hablaba de que las necesidades de refinación en los EUA habrían de requerir 58 refinerías nuevas en los próximos veinte años, por lo que me pregunté ¿y cúantas de ellas nos tocarán a nosotros?

Me llevé aquella revista a mi casa e inmediatamente contacté a los amigos doctores Tomás Morales Cardona y Neftalí García Martínez, con quienes compartía el tema ambiental y de la energía en el contexto de Puerto Rico y del planeta. Ellos coincidieron conmigo que aquella información era muy importante y que era pertinente procurar una reunión con Juan Mari Brás para alertarlo de la magnitud de los planes moscosianos detrás del propuesto superpuerto. La reunión se logró relativamente pronto un día al caer la tarde en la casa del Dr. José Milton Soltero en Río Piedras. Allí se presentó Don Juan guiando su propio carro, del cual se bajó también su inseparable colaborador el Lcdo. Lorenzo Piñeiro Rivera. Yo comencé la presentación y Neftalí García amplió algunos puntos pertinentes, mientras Don Juan, Lorenzo y José Milton escuchaban con atención. Ya de inicio Don Juan había advertido con humildad que él sabía muy poco de esos temas y se limitó a hacer dos o tres preguntas interesantes durante nuestra presentación.

Desde aquel momento admiré más a Mari Brás como líder, pues no llegó a aquella reunión con pretensiones de que tenía que impresionarnos demostrando que él también sabía de lo que le íbamos a presentar. Eso es lo propio de los líderes políticos pretensiosos que se creen que se muestran débiles si no demuestran “que saben”. Tampoco nos hizo unas promesas exageradas como premio a la presentación que acababa de escuchar. Por el contrario, se limitó a decir que consideraba la información muy interesante y que la llevaría a discusión a los organismos directivos del MPI(PSP) y que “veremos a ver qué pasa”. Eso me recordó que en otra ocasión le escuché decir que “no hay que actuar de resorte”.

Lo que sucedió luego de aquella reunión ya lo sabemos. Aunque Don Juan no lo dijo aquella noche ante nosotros, resultó evidente que su olfato de político revolucionario detectó que aquellos planes había que pararlos a toda costa, pues significaban apretar la bota del poder y la explotación sobre nuestro pueblo, haciéndonos más difícil aún la lucha por la liberación. Como si fuese un Gran Maestro de Ajedrez, él intuyó de inmediato que aquella movida anticipada era esencial para poder llegar a unos “finales” con alguna ventaja. De allí nació el envolvimiento decidido del PSP y de CLARIDAD contra el plan moscosiano del superpuerto, que fue otra batalla que ganamos. Aunque se logró una alianza amplia en contra de aquel proyecto, creo no se hubiera ganado aquella batalla sin esa colaboración decidida y vigorosa del PSP. Y al mirar este asunto en retrospectiva, fue una victoria de gran significación estratégica, pues me atrevo a plantear que si hoy hubiera uno o más superpuertos petroleros en nuestro suelo, no hubiéramos podido sacar a la Marina de Guerra de los EUA de aquí.

Aprovecho la ocasión para narrar una anécdota marginal a esta saga sobre el superpuerto. Resultó que yo había recopilado mucha información sobre todo lo que nos significaría el super-puerto de Moscoso y decidí darla a conocer, para unirla a todo el esfuerzo de propaganda en contra de aquel proyecto. Como no podía hacerlo por medio de la Prensa oficial, que ya se había entregado al esfuerzo propagandístico de Fomento, tenía que hacerlo por Claridad. Pero esto presentaba otro problema, ya que yo estaba bastante “caliente” y no podía facilitarle a mi patrono la AEE el que me expulsaran de mi empleo allí, pues me resultaba claro que estaban haciendo lo indecible para expulsarme. Entonces escribí cuatro artículos extensos analizando las mentiras, conceptos errados y lógica falsa en la cual Fomento apoyaba el superpuerto con su “Proyecto Petrolífero Básico”. Para publicación utilicé el seudónimo Ignacio Villareal, que sólo lo conocían mi esposa Nydia Díaz, quien mecanografió mis artículos y Pablo Rodríguez Archilla, quien era el Redactor Jefe de Claridad, quien los recibía. Esos cuatro artículos se publicaron desde el 22 de mayo al 19 de junio de 1973 bajo el título “Imperialismo y Superpuerto”. Para no ser retratado mientras entraba a las oficinas de Claridad, entonces en Los Peñas en Río Piedras, Nydia se bajaba a medio bloque de allí y le entregaba a Pablo mis artículos a la mano. Pero una noche que salía de una charla en contra del superpuerto que dictaba Neftalí García en el Colegio de Abogados, me tropecé con Tomás Morales Cardona, que estaba sólo como oyente en una de las últimas sillas del local. Entonces Tomás levantó la mano para saludarme mientras me decía: “Hola, Ignacio”. Y ambos sonreímos discretamente.

La otra anécdota sobre Mari Brás y que retrata otras cualidades de él como líder, ocurrió años después cuando el PSP estaba en aquella campaña para elegir dos legisladores, Carlos Gallisá a la Cámara y Mari Brás para el Senado. Entonces fui citado un sábado para una reunión de capacitación (más bien de motivación) que nos dictaría Mari Brás en una escuela de Country Club en Carolina. Contando a todos los citados, no pasábamos de quince y todos tendríamos que actuar a la vez como Funcionarios de Colegio y como Coordinadores de Escuela. Don Juan nos habló de la importancia de aquella gesta y la comparó con una carrera corta que teníamos que emprender antes de las carreras más largas que teníamos por delante. Don Juan aprovechó la ocasión para dar reconocimiento a dos luchadores históricos de Carolina allí presentes y a quiénes conocíamos como Don Molina y Don Nato. Mari Brás nos decía que no se nos estaba pidiendo una carrera larga “como la que ya han dado por aquí Nato y Molina”.

De esa anécdota puedo señalar dos cualidades de liderato que existían en Don Juan. La primera es la de presentarse a una reunión ordinaria sin despreciar la importancia de las cosas ordinarias. Él pudo haber exigido, “como yo soy el Secretario General de esta organización, si ustedes quieren que yo vaya allá a dar una charla, entonces llénenme la cancha de Country Club de gente y entonces yo voy allá a hablarles”. Lo que hizo Mari Brás aquella tarde en términos militares se llama “ir a las trincheras”. Otros líderes se conforman con dictar órdenes desde los cuarteles generales y desprecian bajar al lugar donde realmente se cuaja la cosa. Todos los grandes líderes de la historia bajaban a las trincheras.

La otra cualidad es la de ser pródigo en el reconocimiento a las acciones pequeñas y cotidianas, como las que cumplían Don Molina y Don Nato, pero que sin ellas no corre con éxito ninguna maquinaria grande. Varios años después leía de un autor, considerado un “gurú” de la motivación, que todo buen líder está obligado a reconocer las aportaciones de alguien en cada reunión que realiza. En adición, el reconocimiento crea una empatía entre los verdaderos líderes y sus subordinados, que es difícil de explicar. Pero de ahí han nacido tantas acciones extraordinarias que son realizadas por gente de quien sólo se espera que realicen acciones ordinarias.

La reflexión final que me parece obligada, tiene que ver con la calidad de nuestro procerato. Es tentador comparar nuestro procerato con el de otros pueblos que sí lograron conquistar su soberanía. Pero yo no tengo dudas que si no hemos conquistado la soberanía, no es porque le haya faltado calidad a nuestro procerato. Por el contrario, nuestro procerato debe ser uno de nuestros orgullos nacionales. Y dentro de nuestro Panteón Nacional de Próceres, Juan Mari Brás brillará eternamente con colores brillantes.


El autor es ingeniero.
 

Fundación Juan Mari Brás

Esta Fundación se organiza con el propósito de preservar el legado de Juan Mari Brás y dar a conocer su pensamiento, su obra y su trayectoria de lucha por la independencia de Puerto Rico a actuales y futuras generaciones.
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