Juan Mari Bras

¡Cuando se vive bien!

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Evocando la vida de Juan Mari Brás a 86 años de su nacimiento

A mediados de agosto de 1958, recién graduado de escuela superior, inicié estudios en la Universidad de Puerto Rico. Tenía entonces 17 años de edad y sin pedirle permiso a nadie me arrimé a la Federación de Universitarios Pro Independencia. La FUPI estaba integrada por jóvenes inteligentes, honestos, afables, pero diferentes al resto de la comunidad universitaria. Entre nosotros, poco a poco, se fue forjando una comunidad de intereses: admirábamos el heroísmo de Jules Fucik, leíamos el Canto general de Neruda y los Versos sencillos de Martí, estudiábamos las obras clásicas de la historia y la literatura puertorriqueña; pero por sobre todas las cosas venerábamos el valor y el sacrificio de Don Pedro Albizu Campos. Nosotros éramos enemigos de la injusticia social y prestábamos cuidadosa atención a unos jóvenes barbudos que se habían levantado en armas contra el gobierno que tiranizaba a la hermana república de Cuba.

Tal vez la verdad sea ligeramente distinta, pero la primera vez que me tropecé en la Universidad con Juan Mari Brás, él se hallaba de pie, en una silla de metal de esas que usted y yo tenemos en nuestras casas. A su lado estaban los muchachos de la FUPI. Recuerdo que iba tarde a mi primera clase, sin embargo, me quedé con la duda de quién era la persona que le hablaba a los estudiantes desde aquella silla de metal a la entrada del Recinto de Río Piedras.

 

Puntualicemos un hecho importante. En horas de la madrugada del primero de enero de 1959, Fulgencio Batista huye de Cuba acompañado por familiares, amigos y militares de su derrocado gobierno. Documentos del Departamento de Estado revelan que durante su estancia en el lujoso Hotel Jaragua, de Santo Domingo, Batista era alcahueteado por altos oficiales norteamericanos. La verdad es que el presidente Eisenhower lo tenía en alta estima. Para Ike, Batista era un “nice guy”;1 sin embargo, para Trujillo, Batista era un “sargento pendejo”, por haberse negado a pelear contra las tropas de Fidel Castro.

Mientras tanto, en Puerto Rico, diez días habían transcurrido desde que el pueblo de Cuba descendiera victorioso de la Sierra Maestra cuando distintas fuerzas políticas se reúnen en Mayagüez iniciándose el proceso de fundación del Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico. La fecha es importante, 11 de enero de 1959, día del natalicio de Don Eugenio María de Hostos. El lugar de reunión: la residencia de Néstor Nazario Grillo y Providencia Trabal de Nazario.

Juan Mari Brás asegura que el primer acuerdo de los allí reunidos fue enviar un mensaje al comandante Fidel Castro expresándole la calurosa felicitación y el apoyo de los independentistas puertorriqueños.2 El mensaje lo redactó Jesús Rodríguez Benítez, a quien cariñosamente todos llamábamos Susín. Demás está decir que las palaBrás a Fidel fueron aprobadas por unanimidad.

Hubo entonces una segunda asamblea constituyente del MPI, la celebrada en el Teatro La Perla, de Ponce, el 22 de noviembre de 1959. En aquella ocasión se recibió un mensaje importante: “Para Puerto Rico que sufre, pero lucha, y no pierde la fe en su destino independiente, va el saludo de quien piensa que su patria continental también está allí”.3 Firmaba el escrito el comandante Ernesto Guevara de la Serna, universalmente conocido como el Che Guevara.

Era evidente que en las reuniones del 11 de enero y del 22 de noviembre, se hallaba un nutrido grupo de disidentes del PIP, así como patriotas que habían militado en los partidos Nacionalista y Comunista de Puerto Rico. La juventud universitaria, sin ataduras con el pasado, estaba representada por algunos jóvenes de la Federación de Universitarios Pro Independencia.

Siempre, desde los orígenes del MPI, la FUPI mantuvo lazos de estrecha amistad con la nueva organización. La ayuda y el respeto eran mutuos. Veamos un temprano ejemplo: El 25 de julio de 1960, a orillas de la Laguna del Condado, miles de puertorriqueños se daban cita para conmemorar el octavo aniversario de la fundación del Estado Libre Asociado con la inauguración de una nueva y moderna vía de comunicación para el área metropolitana de San Juan, la avenida Baldorioty de Castro. Lamentablemente, esa noche algunos de nosotros no pudimos disfrutar de los fuegos artificiales que auspiciaba el Partido Popular porque cuando el gobernador Don Luis Muñoz Marín iniciaba las actividades, un grupo de jóvenes, en el cual yo me encontraba, comenzamos a izar banderas de Cuba y de Puerto Rico. Acto seguido, se daban “Vivas a Albizu” y se agitaban unas insolentes pancartas que leían: “¡Saludamos a los ex nacionalistas del templete, traidores!”

Debo confesar que apenas había cumplido los 19 años cuando a son de diana nos sacó la Policía de aquella conmemoración para ingresarnos en la cárcel de la Parada Ocho en Puerta de Tierra. Recuerdo que apaleados y encarcelados también figuraban: José Antonio Irizarry Matías, Juan Ángel Silén Acevedo, Milton Baigés Chapel y nuestro querido amigo y compañero, Narciso Rabell Martínez, fallecido en su ciudad adoptada, Praga, el 25 de noviembre de 2008. Todos formábamos parte del Comité Ejecutivo de la FUPI.

Contra nosotros llovieron los delitos graves y los menos graves. Todavía no puedo explicarme cómo salimos absueltos de aquel embrollo, pues tratar de entorpecer una actividad de gobierno con asistencia calculada en más de 100 mil personas podría interpretarse como una locura que debía castigarse con excesiva dureza.

La absolución se le debe, principalmente, al trabajo de un abogado joven del Barrio Salud de Mayagüez que por aquellos años viajaba en un carrito azul de fabricación europea. Me refiero, claro está, al Secretario General del Movimiento Pro Independencia, Juan Mari Brás.

En las protestas de calle, en marchas y piquetes vemos cómo se hallan hermanadas ambas organizaciones. Y ello va desde la resistencia a la guerra en Vietnam hasta la quema en Lares de las tarjetas del entonces Servicio Militar Obligatorio. También, el mismo patrón de solidaridad se observa en las campañas contra la explotación de las minas de cobre en Lares, Adjuntas y Utuado, así como en las actividades contra la privatización de las playas de Puerto Rico. En todas esas protestas, en todas, estaban hermanadas ambas organizaciones.

Bueno sería añadir que durante el verano de 1959 aparece con el nombre de Claridad un cuadernillo mimeografiado, “sin ningún sentido estético o visual”, al decir de Jennifer Wolff, que se confeccionaba en los altos de la Mueblería La Luz de Río Piedras.4 El título del periódico se le debe a César Andreu Iglesias, dirigente destacado que había sido del Partido Comunista de Puerto Rico, constituido en Ponce el 23 de septiembre de 1934, al que ingresó César a comienzos de 1936.5

Desde sus inicios el periódico fundado por Juan Mari Brás y César Andreu Iglesias tuvo el apoyo de escritores y artistas gráficos: Homar, Tufiño, Carlos Raquel Rivera, Tony Maldonado, René Marqués y Emilio Díaz Valcárcel, por mencionar algunos. Juan recuerda que del viejo mimeógrafo se pasaría a una máquina de impresión offset, “que era por entonces lo más moderno en equipo de publicar pequeños periódicos. Rifamos un automóvil” –acota Mari Brás, “y con el monto de la venta de boletos… pudimos adquirir la pequeña impresora”.6

Ahora bien, cuando se establece Claridad en 1959 no había escuelas de periodismo en Puerto Rico. El oficio se aprendía sobre la marcha. Y da la casualidad que temprano en la década del ’60 el Secretario General del MPI traba una relación estrecha y afectuosa con un patriota audaz y desprendido, un hombre que vivía obsesionado con todo lo que fuera imprentas y periódicos: Don Luis V. Pino.7

Don Luis era el dueño de la fábrica Naturola: “un buen sirope para un buen refresco”, como leían los anuncios que se publicaban en Claridad. Por consiguiente, el semanario pasó a publicarse en la planta baja de la residencia de aquel espigado patriota nuestro, situada en la Calle 11 del Barrio Obrero.

En aquel ir y venir de principios de 1960 se recibía, religiosamente, en la Calle 11 del Barrio Obrero, la colaboración de un incansable luchador, literato puertorriqueño de Nueva York, que debía ocultar con un nombre falso el suyo verdadero, pues estaba obligado a registrarse como agente de una potencia extranjera. Su nombre: Emilio Delgado, jefe en Nueva York de la División Latinoamericana de TASS, la poderosa agencia de noticias de la entonces Unión Soviética.

Durante los días de la guerra civil en España, Emilio Delgado participó en la heroica defensa de Madrid. Y cuando las fuerzas del fascismo cercaron el edificio donde se editaba Mundo Obrero, que él dirigía y era el periódico de mayor circulación en España, órgano del Partido Comunista, Emilio fue uno de los últimos en abandonar, armas en mano, aquella redacción. Posteriormente logra escapar de un campo de concentración, pasando clandestinamente a Francia y después a Nueva York donde se integra a la redacción de TASS. Fue el Secretario General del MPI, Juan Mari Brás, quien le extiende cordial invitación a Emilio para unirse a la plantilla de los redactores de Claridad.8

Ahora bien, a medida en que Claridad era reconocido por el pueblo patriota, a medida en que el periódico se insertaba en la discusión política nacional, aparecen las amenazas y las provocaciones. Entonces era necesario ocultar los nombres de los redactores. Emilio Delgado escribía como Don Pancho. Fran Cervoni era Quintín y Mari Brás ocultaba el suyo con el de Raúl Vincenty Labiosa, entre otros. Nombres falsos eran también los de Martín González y Doris Castañer, que empleaban respectivamente el que les habla y la querida compañera Dixie Bayó.

En su libro Memorias de un ciudadano, Mari Brás dice que: “Claridad es una de esas instituciones del independentismo que se ha ganado el reconocimiento de todo el pueblo puertorriqueño por la perseverancia de su esfuerzo editorial”. Acto seguido, añade que no lo han podido eliminar con artefactos explosivos colocados en sus talleres y sus oficinas, “ni con las amenazas y agresiones a sus anunciantes, ni con la infiltración esporádica de agentes enemigos para torpedear desde adentro su trabajo, ni con los allanamientos policíacos a su redacción, ni con el intento de acusar y encarcelar a sus redactores… Hemos pasado la prueba del tiempo, que es lo más importante para acreditarnos como institución primaria de nuestra lucha nacional”.9

Durante aquellos años yo vivía en Santurce, en la casa de mis padres que residían en Estados Unidos. Diseñada siguiendo el estilo arquitectónico del Art Decó, nuestra morada había sido construida en cemento sólido. Sin tardanza, los muchachos de la FUPI comenzaron a llamarla “La Embajada Soviética”, pues una pequeña e impresionante escultura de Lenin recibía a todos por igual y no fueron pocos los comunistas de Estados Unidos que allí hallaron un lugar de reposo.

En algunas ocasiones –a pedidos de Juan, la Mesa de Lares se reunía en nuestra casa bajo la dirección de Carlos Carrera Benítez. Y cuando los Mari-Pesquera se trasladaron a Madrid a fines de 1960, todos los muebles y tereques de la familia fueron almacenados en el sótano de la Embajada Soviética.

* *

Siempre he sido muy crítico de la escritura literaria llamada “género de la memoria”. En primer lugar, porque las memorias se redactan cuando transcurre algún tiempo de los sucesos y el autor puede olvidar muchas cosas y trasmitir los hechos de manera inexacta. En segundo lugar, porque el género frecuentemente manifiesta el subjetivismo del autor y, finalmente, porque algunos escritores son propensos a exagerar los acontecimientos que se narran.

Pero el problema es todavía más complejo, pues usted puede escribir como poeta o como historiador, y “el poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, --decía don Miguel de Cervantes-- no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna”.

Yo creo que la personalidad de Juan encuadra perfectamente con el género de la memoria. Porque le conocí, porque le visitaba regularmente y porque conversé y viajé con él en múltiples ocasiones, puedo asegurar que Juan era un verdadero raconteur, es decir, un gran narrador de historias, como expresan los franceses. Juan siempre trató con maestría ese importante género de la literatura, tan poco cultivado en el Puerto Rico contemporáneo. Veamos un ejemplo.

De los días de su niñez Mari Brás recuerda a un familiar que había vivido en la República Dominicana y de allá trajo “unas ideas rarísimas”, al decir de algunos familiares que miraban al primo con antipatía. Fue la primera persona que le habló de socialismo. Mucho más, le dio a leer El Poder Soviético, un libro publicado en 1941 por el “Muy Reverendo” Hewlett Johnson, Deán de una Abadía en Inglaterra, a quien la extrema derecha apodaba “el obispo rojo de Canterbury”.

Por otro lado, nadie puede negar la influencia avasalladora del pensamiento hostosiano en la vida y obra de Juan Mari Brás. Y es bueno que así sea, pues Hostos es el más grande pensador que ha producido Puerto Rico en toda su historia. Por eso no nos debe extrañar que cuando menos uno lo esperaba le aparecía a flor de labios el nombre del pensador mayagüezano a quien Juan llamaba “el profeta de la esperanza”.

En 1941, cuando se gradúa de octavo grado, don Santiago Mari Ramos, a quien todos llamábamos cariñosamente don Chago, le regaló a su único hijo las Obras Completas de Eugenio María de Hostos.

“No puedo decir –escribe Mari Brás-- que las leí todas en aquellos primeros años, pero las que tuve ocasión de leer fueron suficientes para dejar en mi formación una huella que jamás ha sustituido ningún otro intelectual en mi consciencia”.10

Ya hemos dicho que a Mari Brás se le debe que en 1959 se celebrara el natalicio de Hostos con la fundación del MPI. Algunos años más tarde, en 1989, cuando se conmemora el sesquicentenario del nacimiento de Hostos, Juan promueve la publicación de una nueva edición, crítica, abarcadora y anotada de las Obras Completas del ilustre sabio puertorriqueño. En 1993, Mari Brás ayuda a fundar, también en Mayagüez, la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos. Entonces, a nadie le debe extrañar el reconocimiento que le extendiera la Universidad de Puerto Rico cuando lo nombra Catedrático de Honor Eugenio María de Hostos para el año académico 2006-2007.

Pero no es tan sólo Hostos, Juan también sería un fiel admirador de Martí, Gómez, Maceo y Gregorio Luperón. Muy pocos dirigentes independentistas han estudiado el pensamiento, la vida y la obra de Betances como lo hizo Juan. De ello soy testigo.

En abril de 1989 lo invité a participar en la Primera Conferencia Internacional en Homenaje a Betances, celebrada en Río Piedras bajo los auspicios de nuestra Universidad, en colaboración con el Centro de Historia de las Antillas Hispánicas de la Universidad de París. He hurgado en mis archivos y pude desenterrar la ponencia, todavía inédita, presentada por Juan en aquella ocasión. La hemos titulado “Raíz y vuelo del antillanismo en Betances”. Transcribo a continuación una de sus partes:

“Al igual que Martí, Betances no sólo diseña un destino pensado para las Antillas, sino que lo traduce a la acción. Y eso lo convirtió en dominicano virtual que da su talento y su servicio a la patria dominicana. En haitiano virtual que también dedicó grandes esfuerzos por la patria haitiana. En cubano virtual que también dedicó largos años de su vida y sus gestiones a la libertad de Cuba sin siquiera haber pisado jamás territorio cubano.

“Esa antillanía betancina tiene su vínculo… en la concepción bolivariana de nuestra América. Porque El Libertador… señala el destino nuestro, americano, de las Antillas. Y es de esa matriz bolivariana de donde se desarrolla y cobra concreción el pensamiento antillanista que ponen en práctica Betances y después de Betances sus discípulos en las Antillas, entre los que figura Eugenio María de Hostos y el propio José Martí…”11

Permítanme ahora una nota personal, pues me gustaría referirme a uno de los muchos atributos que adornan la personalidad de Juan Mari Brás: su calidad humana. Para cumplir con tal propósito me limitaré a dar el siguiente ejemplo.

Durante los años cuando el Dr. Juan Fernández era Rector del Recinto de Río Piedras de nuestra Universidad, Mari Brás comenzó a enseñar en la Facultad de Ciencias Sociales. Un buen día me dijo que no tenía oficina para recibir a estudiantes y preparar sus clases. Inmediatamente le ofrecí espacio en la mía ubicada en el Instituto del Caribe. Siempre, a su llegada, hablábamos un buen rato. Recuerdo que en una ocasión le anuncié que me iba a Cuba a microfilmar miles de documentos pertinentes a la historia del Siglo XIX depositados en el Archivo Nacional y en la Biblioteca José Martí de La Habana. Acto seguido, le dije que me acompañaría el Rector Fernández. Juan puso el grito en el cielo. Me dijo:

--Félix, no lo hagas porque vas a quemar al Rector.

En ese asunto mantuvimos posiciones opuestas, pero podemos ver claramente la nobleza, la generosidad de Juan, cómo salía en defensa del Rector Fernández, un universitario que siempre ha estado asociado al Partido Popular.

Ahora bien. Frente a su generosidad, frente a tanto decoro y decencia nos cuesta mucho comprender la barbarie, el salvajismo, la crueldad con que las agencias represivas trataron a Juan Mari Brás. Documentos desclasificados del FBI confirman que en enero de 1976, dos meses antes del asesinato de Santiago Mari Pesquera, el FBI sabía de la existencia de un complot entre miembros del exilio cubano para asesinar al dirigente independentista. Y nada hicieron…12

Historiar la trayectoria política de Juan Mari Brás es tarea difícil de realizar. En primer lugar, porque resulta obligatorio examinar los escritos originados en el curso operacional de las agencias de la seguridad del Estado. Esos documentos, que bien podríamos llamar “fuentes hostiles”, provienen de múltiples instituciones, particularmente del FBI, la CIA, el Servicio Secreto y la Policía de Puerto Rico, entre otras.

Aquí y ahora es necesario hacer una advertencia. Cuando estudiamos los documentos que provienen de medios hostiles el investigador tiene la responsabilidad de abordarlos con desconfianza. A tales efectos, debemos formular una pregunta de especial importancia: ¿hasta qué punto las fuentes de los servicios secretos de Estados Unidos o de Puerto Rico expresan de una manera cierta los hechos de la historia?

Ya hemos dicho que el investigador no debe limitarse a copiar lo que tiene frente a sus ojos. Es necesario cotejar los documentos, someterlos a la crítica, abordarlos con mucho cuidado, con mucha malicia, para establecer la veracidad y la integridad de los mismos. ¡Nada está escrito en piedra! Y sin ir más lejos, debemos añadir que tampoco se pueden desechar las fuentes hostiles; simplemente hay que saber separar el grano de la paja, distanciar los sucesos verdaderos de los rumores y la desinformación.13

Veamos algunos incidentes. Durante el verano de 1967, en el carro de Mari Brás aparece tirado en el piso, a la parte trasera, como si se hubiera caído accidentalmente, un informe que aparentaba ser el de un agente infiltrado en el MPI. Recuerdo que Juan me enseñó el documento, lo mismo hizo con otros dirigentes de la Juventud del MPI, todos llegamos a la misma conclusión, aquello era un soberano engendro de mentes podridas. El FBI había falsificado, en sus laboratorios, la caligrafía inconfundible de un compañero nuestro, caligrafía que nosotros conocíamos muy bien por tantos años de amistad y de militancia independentista.

En nuestra presencia y con su buen olfato político Juan rompió el informe. Obrando con la mayor reserva decidimos mantener el secreto. A casi 50 años de aquel bochornoso incidente, promovido por el FBI, vamos a revelar el nombre del que querían inculpar –Juan Ángel Silén. Y lo hacemos a propósito de un documento publicado en el libro Las carpetas. Persecución política y derechos civiles en Puerto Rico, de los compañeros Ramón Bosque Pérez y Javier Colón Morera. El documento al que nos referimos dice así:

“(CENSURADO) de la juventud del MPI tiene un séquito personal y la oficina de San Juan cree que si a (CENSURADO) puede extraérsele del MPI en este momento, una cantidad apreciable de los jóvenes del MPI estaría lo suficientemente confundidos y descontentos como para neutralizar efectivamente al MPI durante el período crítico antes del plebiscito programado para el 23 de julio de 1967…”14

Infiltración de informantes a sueldo, falsificación de correspondencia, publicación de caricaturas y de mensajes anónimos, colocación de artículos en los periódicos de San Juan, así como en una llamada Bohemia Libre, que editaban fugitivos cubanos de extrema derecha, tratando siempre de ponernos a pelear a los unos con los otros, todo, todo lo ensayaron en Puerto Rico las agencias federales. Nada faltaba, pero lo anterior era el juego con la pelota de trapo que no les daba resultados, pues desde mediados de la década de 1960, la lucha por la independencia comenzaba a experimentar un ascenso notable. Miles de jóvenes condenaban el servicio militar, se quemaban banderas americanas y las marchas contra la guerra de Vietnam eran la orden del día. No eran pocos los que se movilizaban contra los intentos de venta del patrimonio nacional. No eran pocos los que protestaban contra un proyectado superpuerto en la región de Aguadilla. Y no fueron pocos los que se unieron a las campañas por la excarcelación de los presos políticos en cárceles federales. Todo presagiaba el comienzo de un juego con pelota dura.

Artefactos explosivos contra Impresora Nacional, asaltos a la redacción de Claridad, incendios en las oficinas nacionales del MPI, intercepción de correspondencia, libelos, difamaciones, amenazas de muerte, asesinatos, en fin, la violencia azuzada por el gobierno federal, el juego con pelota dura.

Desde agosto de 1960, J. Edgar Hoover, con sus ojeras de largos desvelos, había ordenado extender a Puerto Rico el controversial Programa de Contrainsurgencia, --COINTELPRO, por sus siglas en inglés, dirigido a desacreditar y dislocar a los partidos y agrupaciones en lucha por la independencia nacional. Las dos organizaciones más afectadas serían la FUPI y el MPI.15

En Estados Unidos una de las muchas víctimas del Programa de Contrainsurgencia iniciado por el FBI lo fue Martin Luther King, a quien pretendieron desacreditar poniendo en duda su vida personal. El FBI quería demostrar que el pastor de la iglesia bautista era un marido infiel. Hoover, personalmente, ordenó se enviaran cartas anónimas, incluso, a la propia familia de Martin Luther King, en un intento por difamarlo.

En Puerto Rico trataron de hacer lo mismo con Juan Mari Brás. Tan temprano como el 21 de agosto de 1961, la Oficina de San Juan del FBI informa a Hoover lo siguiente:

“In the near future the New York Office will be requested to attempt to verify the alleged illicit liaison of the subject with (tachado)… It is believed that should this be proved it might well be used to discredit Mari in the eyes of his MPIPR followers…”16

Ocho años más tarde, en 1969, se repite el mismo esquema, esta vez dentro de un entorno repugnante. Los desagradables folios se pueden ver, íntegros, en la página electrónica: “The FBI Files on Puerto Ricans”.

Ahora bien. Durante aquellos años de tantas desgracias, hubo un momento cuando los independentistas tuvieron que armarse. Así comenzó un toma y daca, es decir, violencia de ambos lados, la iniciada por los sectores de la extrema derecha azuzados por las agencias federales y la violencia generada por las organizaciones clandestinas que como un viento demencial e imprevisto trastornaron intensamente al Puerto Rico de fines de la década del 1960. Nadie estuvo libre de pecados.

El 4 de marzo de 1970 la Fuerza de Choque entraba a la Universidad de Puerto Rico, iniciándose un motín que se extendería hasta la ciudad de Río Piedras. Antonia Martínez resultó asesinada por un agente de la Policía. En represalia, dos marinos estadounidenses perdieron sus vidas. El Secretario General del MPI se solidarizó públicamente con aquel operativo clandestino tildándolo de “acto de guerra”. Las declaraciones de Mari Brás ocasionaron serias diferencias ideológicas en la alta dirección del MPI. Inmediatamente, el FBI sugería la redacción de una carta anónima que circularía entre miembros seleccionados del MPI en San Juan y Nueva York. El FBI también se propuso colocar copia del documento en las columnas “Trasfondo” y “En torno a Fortaleza”, que escribían Miguel A. Santín y Eliseo Combas Guerra en el periódico El Mundo.

“Both individuals –dicen los documentos—have previously published articles critical of Mari Brás… Sending of the proposed letter could create additional dissension and distrust within the MPIPR”.17

* *

Hoy se me ha concedido la oportunidad de rendirle modesto homenaje, de admiración y respeto, a un “guerrero victorioso”, un puertorriqueño que dedicó más de 60 años de su existencia a luchar por la independencia de nuestra patria. Y yo tuve el privilegio personal, singular si se quiere, de contar con su profunda amistad, y sin ventiscas que anuncien el diluvio universal, quiero unirme a todos los que conmemoran la llegada al mundo de Juan Mari Brás, un día como hoy, dos de diciembre de 1927, en esta ciudad de Mayagüez.

Del compañero ausente bien podríamos decir lo que de Emerson escribía José Martí en la prensa de Venezuela:

“La muerte es una victoria y cuando se ha vivido bien, el féretro es un carro de triunfo. El llanto es de placer, y no de duelo, porque ya cubren hojas de rosas las heridas que en las manos y en los pies hizo la vida al muerto”.18

 

Notas

1. United States Department of State. Foreign Relations of the United States. Cuba 1958-1960. Volume VI. U. S. Government Printing Office, p. 567.

2. Juan Mari Brás. Memorias de un ciudadano. Mayagüez: Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos y Editorial barco de papel, 2006, p. 125.

3. Claridad, noviembre de 1959.

4. Estaba ubicada en la calle De Diego # 156 y era propiedad de Gabriel Vicente Maura, miembro fundador del MPI. En los altos de la mueblería tenían oficinas el MPI y la FUPI y allí también –en la terraza, se reunían los cuerpos directivos de ambas organizaciones.

5. Sobre Andreu Iglesias recomendamos el trabajo de Georg H. Fromm. César Andreu Iglesias. Aproximación a su vida y su obra. Río Piedras: Ediciones Huracán, 1977.

6. Juan Mari Brás. Op. cit., p. 136.

7. Don Luis V. Pino había sido dirigente de Afirmación Socialista, una organización de izquierda, que proponía a principios de la década del 1930 “la renovación moral” del Partido Socialista, acaudillado por Santiago Iglesias.

8. Emilio Delgado murió en Nueva York en 1967. Recuerdo que acompañé a Mari Brás al aeropuerto de San Juan donde recibimos el féretro. El MPI había llamado a los intelectuales de Puerto Rico a rendirle homenaje al amigo de Siqueiros. Ningún intelectual aceptó la invitación. Pedro Baigés despidió el duelo en el cementerio de Corozal.

9. Juan Mari Brás. Memorias de un ciudadano, p. 141. (Mari Brás fue un periodista destacado, escribía a maquina con los dos índices y mucha rapidez. El golpe sobre las teclas era tan fuerte que la hoja impresa salía agujereada. En Claridad reíamos con vehemencia cuando, al zarandear el papel, los residuos de letras caían en el piso).

10. Juan Mari Brás. Memorias de un ciudadano, p. 40

11. Juan Mari Brás. “Raíz y vuelo del antillanismo en Betances”. Copia de la ponencia se puede examinar en la Universidad de Puerto Rico, Instituto de Estudios del Caribe: Archivos de Félix Ojeda Reyes.

12. “FBI conocía de complot para asesinar a Juan Mari Brás”. Cubadebate, 2 de diciembre 2009. Véase, además, elnuevodia.com, 2 de diciembre de 2009 y, Granma digital, 4 de diciembre de 2009.

13. Valentín I. Kuzmin. Problemas metódico-organizativos de la investigación histórico-partidista. La Habana, 1977. Mimeógrafo. Cortesía del distinguido amigo ya fallecido, Fabio Grobart. Instituto de Historia de Cuba.

14. Carmen Gautier Mayoral y Teresa Blanco Stahl. “COINTELPRO en Puerto Rico: documentos secretos del FBI (1960-1971)”. En Ramón Bosque Pérez y Javier Colón Morera. Las carpetas. Persecución política y derechos civiles en Puerto Rico. Río Piedras: Centro para la Investigación y Promoción de los Derechos Civiles, 1997.

15. Biblioteca Legislativa de Puerto Rico. Archivo Carpetas del FBI. Serie: COINTELPRO. Subserie 1. Véase el memorando de J. Edgar Hoover dando inicio al Programa de Contrainteligencia en Puerto Rico, fechado el 4 de agosto de 1960.

16. Biblioteca Legislativa de Puerto Rico. Archivo Carpetas del FBI. Memorando al Director del FBI. De: SAC, San Juan, 21 de agosto de 1961. Serie: COINTELPRO. Subserie 1. FBIHQ 105-93124 (Sección 1), 1960-1962. Gracias a la ley sobre libertad de acceso a la información (FOIA Act), aprobada por el Congreso de Estados Unidos, así como a las gestiones de José Serrano (D-NY), se llegó a un acuerdo con el FBI para que entregara las llamadas carpetas federales. Los archivos del FBI en Washington custodian más de dos millones de documentos relacionados con Puerto Rico. La Sala de Expedientes Federales de la Biblioteca Legislativa, localizada en San Juan, cuenta en este momento con más de 200 mil documentos y se halla bajo la dirección de Miledys Sánchez Betancourt.

17. “The FBI Files on Puerto Ricans”. Cointelpro (1-105 93124), 8 de julio de 1970. (El asesinato de Antonia Martínez continúa impune).

18. José Martí. Obras completas. Vol. 13. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1991, p. 17.

* Mensaje central que el autor ofreció en la actividad conmemorativa del natalicio de Juan Mari Brás, el lunes 2 de diciembre de 2013, en el Centro Cultural de Mayagüez, auspiciada por la Fundación Juan Mari Brás, el MINH y el periódico Claridad.

 

Fundación Juan Mari Brás

Esta Fundación se organiza con el propósito de preservar el legado de Juan Mari Brás y dar a conocer su pensamiento, su obra y su trayectoria de lucha por la independencia de Puerto Rico a actuales y futuras generaciones.
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