Don Juan, el educador, el jurista

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Antes de iniciar, como jueza tengo la obligación de dar cumplimiento con lo que establece el Canon 24 de Ética Judicial, por lo tanto debo aclarar que mis expresiones en esta noche responden a mis ideas y opiniones personales y en modo alguno representan la posición oficial de la Rama Judicial.

Mi nombre es María Cabrera Torres. Soy egresada de la primera clase de esta, la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos. Así que tuve el privilegio de tomar varios cursos con el profesor Juan Mari Brás. Una vez aprobé la reválida tuve el honor de trabajar junto a él en su bufete de abogados.

De don Juan, como cariñosamente muchos le llamamos, es común que se resalte su extraordinaria calidad humana así como su trayectoria política. Pero esta noche, en su tan querida Facultad de Derecho quisiera hablar brevemente de don Juan, el educador, el jurista.
Don Juan ofreció varios cursos entre ellos Pensamiento de Eugenio María de Hostos, Derecho Constitucional y Derecho Internacional. En sus cursos era evidente su vasto conocimiento y dominio sobre las materias que impartía. Era impresionante como podía citar fechas, resoluciones, leyes, eventos históricos de memoria, con suma precisión, sin tan siquiera por un sólo instante tener que referirse al libro de texto. Escucharlo en clase era un viaje a través del tiempo ya que narraba sucesos no recogidos en los libros de historia oficial, pero con la certeza del que ha vivido y forjado parte de esa historia.

Esas anécdotas y datos históricos no oficiales nos permitían a los estudiantes poder poner en contexto histórico las materias que estábamos estudiando, así tener un mejor entendimiento de la Resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la formación de la Liga de Patriotas, el preámbulo de la Constitución del Estado Libre de Puerto Rico o la eliminación de la sección 20 de dicho documento.

Para este querido profesor lo importante no era la acumulación de conocimiento o información, sino saber cómo buscarla y qué hacer con ella. Por lo tanto, sus exámenes eran con los libros abiertos, incluso los estudiantes podían salir e ir a la biblioteca. A pesar de eso, tomaba varias horas contestar sus exámenes y en ningún libro de texto aparecía la respuesta ansiada. Era claro que él buscaba que sus estudiantes analizaran, cuestionaran y supieran desarrollar pensamientos propios.

Ya en la práctica de la abogacía, don Juan no dejaba de ser el profesor. Cada escrito que preparaba, éste lo verificaba desde el inicio que lee Estado Libre Asociado de Puerto Rico hasta el final donde se incluía el número de Colegiada. No había acento, punto, coma que se le escapara. Decía constantemente que la diferencia entre la excelencia y la mediocridad, está en los detalles.

Exigía que todos los escritos se radicaran dentro de los términos sin que solicitáramos prórroga ya que expresaba que muy probablemente lo que a otros le dejaran pasar, a él no se lo permitirían, por lo tanto si le iban a ganar un caso, tenía que ser en los méritos y no por cuestiones de término.

Don Juan era un estudioso y conocedor del Derecho, lo que combinaba a la perfección con su creatividad jurídica. Sus experimentos jurídicos no se daban en el vacío o eran producto de la improvisación, más bien eran el resultado de un estudio profundo y concienzudo del punto en derecho que él quería cuestionar y provocar.

A pesar de su capacidad extraordinaria como abogado litigante, que le pudo haber amasado grandes cantidades de dinero, por sus principios se auto limitaba en los casos en que asumía representación legal. En la oficina no se aceptaban en representación de la parte demandante casos de desahucios, cobros de dinero, ejecuciones de hipotecas, casos laborales en representación del patrono, entre otros.

Aunque como él mismo decía, éramos un bufete pobre, su compromiso con los clientes y su sentido de justicia era incólume. Nunca estuvo condicionado a la capacidad de pago de su representado.

Así era don Juan un hombre íntegro. Congruente entre sus palabras y actos. Un maestro más allá del salón de clases.

 

Publicado en En Rojo, 1-7 de diciembre 2011.