Juan Mari Bras

De nuestra historia: Turbas del PNP intentan quemar las oficinas del MPI

7 de noviembre de 1969
(Apuntes para un libro en preparación: La protesta armada).
El enjambre de bravucones se había congregado en los alrededores del estadio Hiram Bithorn y, a eso de las tres de la tarde del 7 de noviembre de 1969, partió hacia el Recinto de Río Piedras de nuestra Universidad. La chusma estaba capitaneada por el general Juan A. Palerm, senador del recién fundado Partido Nuevo Progresista (PNP). La administración universitaria le había negado permiso de entrada al campus. Vino entonces el lanzamiento de piedras y cocteles Mólotov, formándose un tumulto entre la cohorte favorecedora del ROTC y los estudiantes opositores a la militarización del Recinto. Frustrados en su empeño de invadir la Universidad, cambiaron su intención y marchando por la avenida Ponce de León llegaron a la Plaza de Recreo de Río Piedras donde comenzó el ataque a los cuarteles generales del Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico, localizados frente a esa Plaza. Más de seis horas duró la embestida realizada en dos tandas.
De acuerdo con los archivos de la Policía, en las oficinas del MPI habían alrededor de 40 personas: Lorenzo Piñeiro Rivera, Fran Cervoni Brenes, Juan Mari Brás, Norman Pietri, Pedro Baigés, Carlos Padilla, Jorge W. Maysonet, Francisco Elías Quiñones, Sadí Orsini, Franklyn Irizarry, Carlos Dechoudens, Federico Díaz Ortiz, Mirna Luz Robles, Cruz del Carmen Rodríguez, Evelyn Narváez Ochoa, Carmen Teresa del Toro, Lucila Andino, María Virginia Negrón, Carmen de León Rivera, María de los Ángeles Castro, Ramón y Ruth Arbona, Raúl González Cruz, Alberto Pérez Pérez, Pablo Martínez, Genaro Rentas, Francisco Moreno Irizarry, Cruz Santiago Hernández, William Tapia [chota de la Policía], Samuel Aponte, Ángel M. Agosto, Norberto Cintrón Fiallo, Luis Ramón Rivera Delgado, Jorge Plard Fagundo, Antonio Molina y Luis Nazario Báez.
Yo estuve en la Casa Nacional del MPI durante los infames sucesos del 7 de noviembre. Más de 50 años han transcurrido desde aquella fecha y creo que es hora de desvelar algunas incidencias desconocidas hasta el momento.
Antes de iniciarse la segunda tanda de ataques, Alberto Pérez Pérez (1945-2016) llegó al MPI con un revólver Smith & Wesson, cañón corto, calibre .32. También teníamos una pistola Beretta .22, diseñada para tiradores principiantes. Recuerdo que alguien decía, con agudo cinismo, que con aquella Beretta no se podían cazar ni reinitas. La potencia de fuego era pobre. Y se acordó que el Smith & Wesson fuera entregado a un compañero experimentado. Sabíamos que formaba parte de los Comandos Armados de Liberación y tenía experiencia en el manejo de armas cortas. Él también defendería la puerta de acero en la escalera que daba acceso a la entrada de nuestras oficinas. Bajo ninguna circunstancia se permitiría la entrada de la chusma.
Hubo un momento cuando sentimos que golpeaban en la puerta. Era un grupo de patriotas encabezados por Raúl González Cruz que se habían apostado frente al MPI para defender a los que estábamos al interior del edificio. Entonces, se formó la trifulca con la Policía y, cuidadosamente, abrimos la puerta para que Raúl y los otros compas pudieran subir al segundo piso. Carlos Gallisá, entonces dirigente del PIP, Américo Angleró y Augusto Plard, del MPI, resultaron seriamente golpeados por los uniformados. De prisa, fueron montados en un auto y retirados de peligro. ¿Saben quién sacó a los heridos? El coronel de la Policía, José Enrique Sánchez. El mismo que estuvo infiltrado en la FUPI, viajó a la China de Mao Zedong y depuso en el Congreso de los Estados Unidos para que se volcaran todas las maldiciones del universo contra el independentismo boricua.
El fuego de los cocteles Mólotov resultaba amenazante. Jorge Plard, que se hallaba con nosotros en la Casa Nacional, me comentaba que había llegado al MPI con un extintor de gran tamaño. No, no es exageración ni cuento de caminos. Jorge tocaba con el combo Los Versátiles y en una fiesta que amenizaban se tropezó con el extintor. Lo tenía en su carro y, al enterarse de la marcha de Palerm: “arranqué para el MPI”. Acto seguido, me decía que se acostaba en el piso para apagar los fuegos que se iniciaban en las puertas de madera del segundo piso. Hubo un momento cuando el extintor, de tanto uso, dejó de funcionar. “Menos mal que teníamos una máquina de Coca-cola. Sacábamos las botellas, las agitábamos y con ellas tratábamos de controlar los incendios provocados por la turba”.
El otro extintor, el operado por Jorge Torres Correa, y los cubos de agua que hombres y mujeres acarreaban no eran suficientes para controlar el peligro. Entonces, el compañero que portaba el Smith & Wesson dio órdenes para que se abriera una de las puertas. Salió al balcón y comenzó a tirotear a la turba. ¡Despavoridos, la chusma corría como ratas! Los tiros apaciguaron el ataque. [Terminado el asedio se informaba que un miembro de la Policía, Elvin Vélez Negrón, resultó herido de bala en los disturbios].
El mensaje de los asediados resultaba incuestionable: estamos armados y tenemos derecho a la autodefensa. Pero la amenaza persistía. Entonces vino el apagón y las oficinas del MPI quedaban sin luz y sin teléfono cortesía de las autoridades coloniales. Cerca de las diez de la noche, la Policía, cansada de preparar los cocteles Mólotov que entregaban a la chusma, comenzó a disparar utilizando armas largas. Resultaron heridos de bala los compañeros Fran Cervoni y Carlos Padilla. La balacera no paraba, pero distintos hilos comenzaron a tejerse. Desde su residencia Francisco Manrique Cabrera hacía buen uso del teléfono. Rosario Ferré, hija del gobernador anexionista, que colaboraba con el periódico Claridad, pero todavía no despuntaba como escritora de renombre, se interesó en lo que sucedía. Mientras tanto, el licenciado José Nilo Dávila Lanausse intervenía con el alto mando de la Uniformada, en particular con el coronel Astol Calero, para que pudiéramos abandonar las oficinas.
Se despachó un vehículo de la Autoridad Metropolitana de Autobuses (AMA) que nos llevaría a la Comisión de Derechos Civiles en Hato Rey. Eso fue lo estipulado. Pero la turba envalentonada volvía a sus zancadas, lanzando ristras de peñones contra las ventanas de cristal de la guagua que estábamos abordando. Partículas de vidrio de los cristales apedreados se alojaron en mis ojos. Temprano en la mañana del día siguiente tuve que ir a la Ross Optical, donde el Dr. Ross [dueño del edificio donde estaba enclavada la óptica y las oficinas del MPI], utilizando un tinte milagroso, pudo identificar y sacar las partículas alojadas en mis ojos.
Recuerdo que hubo un silencio extraño y sorprendente. El personaje que tiroteó a la turba, lo vimos colocándose un gabán negro, ocultando en su cintura la Beretta y el revólver Smith & Wesson. Entonces, custodiando a Juan Mari, bajó las escaleras y se montó en la guagua de la AMA como si nada hubiera pasado. Al llegar a la Comisión de Derechos Civiles, cercada por efectivos de la Policía, escondió las piezas en la gaveta de un escritorio.
Abogados del MPI llegaron a la Comisión para ofrecernos generosa y desinteresada ayuda. Recuerdo entre éstos a los ya fallecidos Felipe Cirino Colón y Jaime Luciano. A Jaime se le encomendó sacar el armamento a hurtadillas. Cumplido su objetivo regresó a la Comisión por si se necesitaban sus servicios profesionales. Miembro fundador y primer presidente de la FUPI en 1956, Luciano dirigía la Comisión de Finanzas del MPI.
Un día después de los sucesos, el 8 de noviembre, el MPI dio a la públicidad unas declaraciones condenando el ataque. Dos hechos llaman la atención en el documento, primero, la composición de la banda que perpetró el asalto y, segundo, el comportamiento de la fuerza policíaca. En lo referente al primero, la declaración censuraba a los hampones y fugitivos cubanos que se hallaban entre los cabecillas. Y respecto a lo segundo se denunciaba “la complicidad de los agentes de la Policía, uniformados y encubiertos, quienes se identificaron con los asaltantes hasta el punto de asistirlos y dirigirlos en su pretensión de destruir nuestras oficinas”. Acto seguido, la declaración añadía: “Lo que no logró hacer la turba, esto es, penetrar en las oficinas del Movimiento, lo llevó a cabo la propia Policía luego; en forma salvaje invadió la Casa Nacional, allanando las oficinas en ausencia de los dirigentes del MPI y destruyendo vandálicamente pinturas, muebles y otra propiedad del MPI”.
La Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de Puerto Rico, reunida el 28 de agosto de 1970, aprobó el Informe de la Comisión Especial designada para investigar los sucesos. La pesquisa la había solicitado el secretario general del MPI, Juan Mari Brás. Además de censurar a la Policía por sus actuaciones y por la inacción observada en relación con los incidentes, el Colegio de Abogados fustigaba al Departamento de Justicia por su negligencia en la investigación y otras actuaciones relacionadas. Esto informaban los togados:
“b) La Policía de Puerto Rico asumió una actitud de extrema pasividad frente a la turba que atacó al MPI permitiendo que en su presencia se prepararan bombas incendiarias y se lanzaran contra las oficinas principales de dicha organización. No arrestó a los atacantes ni sometió contra ellos denuncia alguna. Por otro lado, macaneó y maltrató a varias personas, entre ellos a algunos miembros del MPI que se encontraban fuera del local, e hirió de bala a otros. Un policía resultó herido al ser alcanzado por un disparo de arma de fuego, pero no se conoce al autor de este hecho”.
“c) El Departamento de Justicia ha sido negigente en la investigación de estos sucesos, y como cuestión de hecho hasta este momento no ha producido una sola denuncia o acusación a pesar de las serias violaciones a la ley penal”.
Firmaban el informe los licenciados: Luis R. Polo, Raúl Serrano Geyls, Benjamín Ortiz, Baldomero Freyre, Noel Colón Martínez, Mariano Acosta Velarde, Samuel R. Quiñones, Francisco M. Susoni, José Raúl Cancio y William Fred Santiago.
Referencias:
1. Félix Ojeda Reyes. Entrevista a Jorge Plard, sábado 23 de octubre de 2021.
2. Carpetas de Félix Ojeda Reyes. División de Inteligencia de la Policía. Memorando. Confidencial, 10 de noviembre 1969. Vol. 4.
3. Claridad. “Declaración de la Misión Nacional del MPI sobre el ataque a la Casa Nacional”, 16 de noviembre de 1969, p. 8.
4. Claridad. “Colegio de Abogados censura a la Policía y Gobiernos en caso asalto sede del MPI”. Ediciones del 6 de septiembre de 1970 p. 4 (primera parte) y 13 de septiembre de 1970, p. 12 (segunda parte).
 

Fundación Juan Mari Brás

Esta Fundación se organiza con el propósito de preservar el legado de Juan Mari Brás y dar a conocer su pensamiento, su obra y su trayectoria de lucha por la independencia de Puerto Rico a actuales y futuras generaciones.
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