Juan Mari Bras

Habló el poeta

Juan Antonio Corretjer es el poeta nacional de Puerto Rico. Esta afirmación me ha costado no pocas discusiones, a veces agrias, con estudiosos y diletantes de nuestro quehacer literario que no comparten mi apreciación. Confieso que mi juicio es resultado fundamentalmente de una gran afinidad subjetiva que tengo como lector de cuanto escribe Corretjer, en verso y prosa, desde los días de mi juventud.

Ningún poeta, vivo o muerto, ha podido elevar a dimensiones tan altas la expresión estética de Puerto Rico como punto de la partida de la universidad de los puertorriqueños. Para mí, por los menos, la Alabanza en la Torre de Ciales y Distancias, más que cualquier otra lectura en este mundo, son capaces de recargar la voluntad y hacer aflorar la alegría de la lucha ante las situaciones más adversas y los peores reveses.

Y es que el poeta es aquel que logra comunicarse con su pueblo y la humanidad a un nivel de belleza capaz de poner en sintonía con su idea las fibras más creadoras de la condición humana. Por eso los mejores poetas son los que transmiten una idea de superación. En esos casos el poeta es expresión suprema de las mejores querencias de su pueblo y pasa a ser parte importantísima del proceso revolucionario.

Ese tipo de poeta, como Juan Antonio, les da a los suyos una antevisión del futuro. Alcanzar ver la luz desde la oscuridad, atisbar a la distancia los desencadenamientos de la historia, va siendo cada vez más fruto del estudio objetivo de la realidad, a la luz de los grandes hallazgos de la sabiduría. Esa formidable articulación de la visión de conjunto de la vida del hombre en la Tierra que representa el materialismo histórico, en vea de reducir la magnitud de la poesía como necesidad del desarrollo social, lo que hace es elevar la perspectiva del poeta e imprimirle mayor exactitud a su antevisión.

Corretjer tiene esa notable cualidad de poeta revolucionario que le permite acertar cuando describe la realidad en su movimiento y visualiza sus desenlaces en el plano granestratégico. Esa mirada perenne a la distancia le obstaculiza, sin embargo, el manejo acertado del plano táctico, la ponderación precisa de condiciones y rumbos alternos en la inmediatez. Son raros, rarísimos, los poetas revolucionarios que son capaces de moverse con igual lucidez en los dos planos, el táctico y el estratégico. Es entonces cuando se dan los grandes poetas que son a su vez conductores políticos revolucionarios, como fueron Martí, Ho Chi Minh y Mao Tse Tung.

Por eso a Juan Antonio Corretjer no puede despachársele por sus fracasos organizativos. Es cierto que si se le juzga por su obsesión de insertar la grandiosidad de su visión a la distancia en el marco de lo inmediato se le ve como un moderno Quijote del marxismo, que embiste con igual furia contra el PSP y el PIP, en el plano nacional, y contra Moscú y Pekín, en el internacional, constriñendo su práctica política al marco estrecho del mundillo grupuscular.

Pero en Corretjer, como en la generalidad de los seres humanos, hay que separar la paja del grano para que la Revolución Puertorriqueña pueda aprovechar todo lo de gran valía que hay en su obra. La praxis más valiosa de este jíbaro de Frontón, amasada en el sacrificio de una vida dedicada a su pueblo y su causa, es su obra escrita, en verso y en prosa.

Ahora, en la plenitud de su madurez, Corretjer ha iniciado la publicación de una serie de artículos de gran envergadura en El Nuevo Día. El último de éstos. Puerto Rico hacía un porvenir de enormes sufrimientos, del lunes 13 de octubre, es a mi juicio un trabajo de gran enjundia y muy acertado sobre las proyecciones del futuro patrio.

El poeta, cuya visión cataclísmica tiene amplia base material, plantea la perspectiva de un Puerto Rico sometido a los sufrimientos máximos y la devastación de la guerra total, inevitable. Y advierte, con razón, que “esa plusvalía de dolor tendrá fundamentalmente por razón la irresponsabilidad en la toma de decisiones”.

En un mundo en convulsión, apunta Juan Antonio, Puerto Rico está irremediablemente abocado a la guerra, sea ésta la guerra de devastación entre las grandes potencias o la guerra revolucionaria con la que ganaremos la liberación. En base a ese análisis, señala que hay que advertirle a nuestro pueblo que “jugarse la carta con los imperialistas yanquis en decadencia es ligar nuestro destino a la derrota. Ya tenemos bastante con un noventa y ocho. Es de tontos confiar en los vencedores cuando los vencedores no seamos nosotros mismos. ¡Ah viejo querido Betances, cuánto le debemos!”

La preocupación por la destrucción física de la patria ha sido una constante en los últimos escritos de Correjter. Los múltiples planes de saqueo de nuestra tierra y su patrimonio que proyectan los imperialistas y sus títeres en estos momentos justifican la aprehensión del poeta que con estas palabras hace un vehemente llamado a su pueblo para que se ponga en guardia:

“Dejemos que los explotadores yanquis nos conviertan en once ‘parques industriales’ y veremos en lo que esas mismas brisas interiores, ese maravilloso abanico interior de nuestra Isla, convierte a nuestra patria: En un desierto habitado por plagios marcianos enmascarados para sobrevivir la asfixia del coloniaje, que ya en este caso habrá sobrepasado toda hipérbole propagandista. Distribuidores de veneno, las brisas interiores habrán saltado poética y contrariamente, del paraíso del Virgilio Dávila al ‘infierno’ que en su lógica del terrorismo medieval hizo Dante antecederlo en su poema.”

La juventud puertorriqueña, nuestros luchadores por la independencia y el socialismo, todos ganarán mucho en su comprensión de nuestra realidad si aprenden a leer a Juan Antonio Corretjer, que es ciertamente uno de los grandes ideológos del independentismo puertorriqueño.

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Comentario Político, CLARIDAD, 15 de octubre de 1975.

 

Fundación Juan Mari Brás

Esta Fundación se organiza con el propósito de preservar el legado de Juan Mari Brás y dar a conocer su pensamiento, su obra y su trayectoria de lucha por la independencia de Puerto Rico a actuales y futuras generaciones.
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