Juan Mari Bras

III. EL NACIMIENTO DE CLARIDAD

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Capítulo III de la Tercera parte del libro Memorias de un ciudadano

César Andreu Iglesias y yo llegamos a la Galería Pintadera de Río Piedras tarde en la noche del primero de junio de 1959, muy afanosos por presentar nuestro nuevo producto: un boletín de seis páginas tamaño carta, en papel verde-azul e impreso en un mimeógrafo viejo. Le habíamos puesto por nombre Claridad, en reconocimiento a la sustancia de su contenido. No así a su forma, que se acercaba más a la sombra.

El boletín se iniciaba, por acuerdo del Comité Organizador del MPI, en tan modestas condiciones, porque César, escarmentado con sus pasadas iniciativas periodísticas y temeroso de nuestro ob- jetivo gigantista, enmendó mi propuesta para que el movimiento iniciara la publicación de un periódico, a los fines de que, al menos en sus comienzos, no pretendiéramos cumplir con los requisitos de producir un periódico, y nos circunscribiéramos a lo único que por el momento podíamos hacer, un pequeño boletín interno de la organización. Así lo acordamos por consenso.

Maura nos regaló un mimeógrafo viejo, pero aún en uso, y no- sotros mismos (César y yo) cortamos los estarcidos escribiendo directamente los mismos en una maquinilla Underwood de gratí- sima recordación. Los titulares los trazó César fungiendo de artista gráfico en el manejo de una plumilla, también directamente sobre el estarcido. No pude ayudar en ese menester por mi temblequera de siempre en la mano derecha.

Sudamos la gota gorda, luego de aprender con muchas dificultades a operar la máquina que –aunque primitivísima si se la compara con las impresoras laser de hoy día –era mucho más complicada en su funcionamiento que las que hoy tiran boletines a colores con la velocidad del rayo. Así pudimos sacar doscientos cincuenta ejemplares de la primera edición de aquel boletín.

Con algunos de ellos en una bolsa, salimos con indescriptible contentura hacia la Galería Pintadera, en la Avenida Ponce de León, allí donde Río Piedras se convierte en Hato Rey. En ella se reunían muchos escritores y artistas boricuas –que empezaban por esos días a organizarse luego de algunos trastornos y pugnas– para una tertulia semanal que les servía para confraternizar y despojarse de las presiones consustanciales a sus trabajos, principalmente en la División de Educación de la Comunidad y el naciente Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Nunca olvidaré la simpática cara de compasión que puso Tony Maldonado cuando alcancé a escuchar a uno de los contertulios que le comentó al oído con sorna: “¿Ya viste este mamarracho?”, refiriéndose a nuestro boletín, mientras apuntaba con el dedo índice hacia el cabezote del hoy periódico de la nación puertorriqueña. Mi afecto fraternal por Tony ha sido y será siempre de lo más alto desde aquella noche. Fue él quien le dijo a nuestro primer crítico que “lo que César y Juan necesitan es que todos nosotros nos demos a la tarea de montarles el boletín, a partir de la próxima edición”. Así, en un momento pudimos reclutar allí la más amplia gama de los mejores escritores y artistas de Puerto Rico para integrarse a la elaboración de Claridad. El mamarracho inspiró a los artistas a la acción.

 

El primer año se publicaron veintiuna ediciones del boletín. Del viejo mimeógrafo pasamos a una máquina “offset”, que era por entonces lo más moderno en equipos de publicar pequeños periódicos. Rifamos un automóvil Volkswagen y con el monto de la venta de boletos, menos el precio del vehículo –que nos lo dio a su costo el concesionario para todo Puerto Rico entonces, el licenciado Eladio Rodríguez Otero– pudimos adquirir la pequeña impresora “offset”.

Las ediciones de la número dos a la veintiuno fueron muy des- iguales en forma, contenido y periodicidad. La junta de redacción y el grupo de artistas gráficos variaba de edición en edición. Cuando aparecía Rubén Moreira para diseñar, salíamos con un formato

muy profesional. Lo mismo ocurría cuando a Lorenzo Homar le daba por hacer caricaturas de Muñoz, Ferré o el obispo McManus, directamente sobre la mesa de emplanaje en la oficinita del segundo piso de la Mueblería La Luz, mientras, al mismo tiempo, mantenía alguna polémica sobre temas muy diversos, con René Marqués o con Millito Díaz Valcárcel. Y, claro está, si Carlos Raquel Rivera venía a estrenar en Claridad algunos de sus grabados más controvertibles –como Huracán del Norte y Elecciones Coloniales– la edición salía echando fuego, con más impacto que una ametralladora.

Las noches de trabajo hasta bien entrada la madrugada en la preparación de Claridad se convirtieron en vívidos conversatorios con participantes de mucha chispa.

Al cumplir su primer año, Claridad tomó el formato de un pe- queño periódico y nos limitamos a publicar una edición por mes. Ésta adquirió mayor densidad y número de páginas. Su Junta de Redacción (no había un director) se estabilizó por un tiempo con los siguientes nombres: Lorenzo Homar, Francisco Manrique Cabrera, Norman Pietri, Carlos Raquel Rivera, Antonio Maldonado, César Andreu Iglesias, René Marqués, Francisco Cabrero, Emilio Díaz Valcárcel, Juan Mari Brás, Julio Vives Vázquez y Carlos Osorio.

La edición del primer aniversario tiene tres trabajos en portada. Con titular sobre el cabezote, “Plebiscito a lo Hitler, NO”, en el que se rechaza un anteproyecto de Muñoz Marín para realizar un plebiscito interno (en 1960 no le llamaban criollo a los que no conllevaban compromiso alguno de Wáshington) y se respalda la enmienda propuesta por el legislador independentista Luis Archilla Laugier, para que el mismo fuera supervisado por Naciones Unidas y se efectuara luego de “suspendidas todas las funciones y autoridad del gobierno norteamericano aquí”.

Hay como noticia principal de portada una formidable entrevista al escritor ecuatoriano Benjamín Carrión, hecha por nuestro Juan Antonio Corretjer para Prensa Latina, la cual titulamos “Escritor ecuatoriano dice: Coloniaje de Puerto Rico es la herida más honda de nuestra América”. Al fondo de la portada el titular lee así: “Perso- nalidades de todos los sectores independentistas elogian Claridad”. “Es maravilloso que con tan poco espacio puedan hacer tanto”: Concepción de Gracia.

En esa edición del primer aniversario aparece, en la página siete, una reseña titulada “Tras Bastidores con los muchachos de Claridad”, por Emilio Díaz Valcárcel, uno de los escritores pioneros del vocero. Vale la pena reproducir un fragmento del escrito:

“Recordamos las primeras reuniones los martes en la terraza del MPI. César Andreu hacía un planteamiento sereno sobre el tono, tónica, artículo de fondo, y sobre todos los detalles de que cabe hablar en una redacción. A César le corresponde el honor de ser uno de los fundadores del periódico. A los que acabábamos de llegar a este tipo de actividad, no nos costaba otro remedio que callar y escuchar para aprender, para luego aplicar los conoci- mientos adquiridos en la preparación del vocero. Con los mu- chachos de artes gráficas no había problema. Antonio Maldonado hablaba de las posibilidades de imprimir el próximo número en la imprenta de Fulano de Tal, ‘que es de los nuestros’. Osorio, sin olvidar jamás su nativa Caguas, explicaba la conveniencia de imprimir en un tallercito de Caguas atendido ‘por uno de los buenos’. Carlos Raquel Rivera perdía un poco la paciencia, ale- gando que lo imprimiéramos donde fuera necesario, incluyendo la Cochinchina y concluía: ‘La cosa es que salga siempre y sacuda a los dormíos’. Lorenzo Homar, limpiaba con aparente calma los espejuelos, carraspeaba, nervioso y nervudo, y soltaba una buena perorata sobre la conveniencia de tal tipo de máquina, dicho lo cual o algo parecido, emprendía una meteórica incursión hacia

César Andreu, fundador de Claridad.

el campo del arte para terminar abriendo fuego contra los abstractos, especialmente contra Pollock. Rubén Moreira, pintor como Maldonado, Osorio, Rivera y Homar, venía siempre muy preparado para las discusiones, disciplina que tal parece Rubén consideraba una de las bellísimas artes. Y no venía solo. Carmen Rosa Vidal y él formaban un bloque difícil de echar abajo por la lenta dinamita de César o por la fogosa andanada de Homar. Mari Brás se retorcía el bigote, observaba uno a uno a los presen- tes, y luego hacía preguntas: ‘¿No crees, Emilio, que debes hace

una investigación sobre la manera en que afecta la nueva invasión de capital extranjero a nuestra economía?’ ‘¿No cree, Manrique, que debe usted hacer el artículo de fondo para el próximo número?’ Susín se repatingaba en una silla, y con ‘su calma lírica’ (expresión de Belaval) emitía sus expresiones periodísticas y políticas comprometiéndose a ‘hacer algo para el siguiente número’. Los artículos de Gil llegaban echando fuego, pura dinamita. El trotamundos Norman Pietri traía su colaboración, con el corazón puesto en la FUPI. Cabrero, serio y circunspecto, tartamudeaba cuando hablaba de Vieques.”

Cuando Claridad cumplió un cuarto de siglo, escribí en la colum- na Pulso Caribeño, un artículo titulado “César Andreu Iglesias” en que afirmaba algo que confirmo y que siempre he sostenido: “Nadie contribuyó más, individualmente, a la concepción y fundación de Claridad que César Andreu Iglesias. Lo hizo guiado por una clara idea de la gran envergadura del proyecto que modestamente iniciá- bamos, tanto al fundar el Movimiento Pro Independencia como al establecer Claridad como su primer órgano periodístico”. Citaba yo en ese artículo un párrafo de un trabajo escrito por César, mientras residía en la ciudad de Nueva York, titulado “La lucha de indepen- dencia en la década del setenta”. Como entiendo que todavía hoy sigue teniendo vigencia, quiero reproducirlo aquí para que forme parte de estas memorias:

“Pero para que la labor efectiva trascienda, se requiere un factor de suma importancia: una prensa propia. Ésta constituye una de las medidas más claras de la efectividad de la lucha de indepen- dencia. Pretender que la prensa enemiga va a dar beligerancia favorable a una lucha revolucionaria efectiva es una ingenuidad. De ahí la conclusión: sin prensa propia que circule, se lea e influ- ya no hay lucha de independencia que verdaderamente se deje sentir: entre los amigos, para reforzar su militancia, y entre los enemigos, para obligarlos a respetar (y a temer) la inminente victoria del pueblo puertorriqueño y el triunfo definitivo de su identidad nacional.”

Concluía mi artículo en el vigésimo quinto aniversario del pe- riódico con el siguiente párrafo:

“Al rendir tributo a uno de los fundadores de Claridad, su primer ideólogo y uno de sus más lúcidos intérpretes, el mejor homenaje que los actuales dirigentes de este periódico pueden hacerle a Andreu Iglesias, como a los tantos fundadores ya desaparecidos, es tener muy en cuenta que aún cuando el periódico sea órgano de un partido político, es además el principal órgano periodístico de la lucha de independencia en su conjunto. En ese sentido, ha de vigilar muy cuidadosamente no caer en sectarismos que puedan menguarle su cometido. ‘El sectarismo’, señala César en el trabajo al que he hecho referencia, ‘tiende a encerrar la lucha de independencia en sí misma. Cuando eso ocurre, en vez de pelear hacia afuera, los militantes comienzan a pelear hacia adentro. Como resulta- do, se pierde la perspectiva de la lucha nacional y los pequeños conflictos asumen proporciones dinosáuricas.”

Claridad es una de esas instituciones del independentismo que se ha ganado el reconocimiento de todo el pueblo puertorriqueño por la perseverancia de su esfuerzo editorial. No pudieron eliminarlo con bombas que colocaban en sus talleres y sus oficinas, ni con las amenazas y agresiones a sus anunciantes, ni con la infiltración esporádica de agentes enemigos para torpedear desde adentro su trabajo, ni con los allanamientos policíacos a su redacción, ni con el intento de acusar y encarcelar a sus redactores, ni las persecuciones a sus distribuidores, ni con los atentados homicidas contra sus fun- cionarios y colaboradores. Hemos pasado la prueba del tiempo, que es la más importante para acreditarnos como institución primaria de nuestra lucha nacional.

Ese es el espíritu en el que los fundadores del periódico lo echamos a caminar. Así se encauzará hacia el futuro, sin duda.

 

Ya Claridad pasó de su cuarenta y cinco aniversario. Es el periódi- co de mayor duración en el periodismo boricua. Luego de haberse disuelto el Partido Socialista Puertorriqueño, pasó por una serie de transiciones hasta parar finalmente –espero que por un buen trecho histórico– a la dirección de un grupo de independentistas, la mayor parte de los cuales no están afiliados a organización alguna, que realizan en Claridad su aportación a esta lucha incesante por la liberación patria.

Yo pasé por la dirección del periódico en seis ocasiones diferentes. La duración de esas direcciones, siempre interinas en el propósito y casi siempre como resultado de alguna crisis interna, o en el movimiento y el partido, o en el propio periódico, o ambos, varió entre algunas semanas y varios años. Ahora me limito a ser colaborador y apuntador crítico en las reuniones a que acudo, que no son muchas. Me designan en el colofón, junto a César Andreu Iglesias y Ramón Arbona Martínez, ya difuntos, como director-fundador. Fue una manera no muy disimulada de dejarme entre los muertos. Pero como yo no acepto cargos cosméticos, les dije que escribiría “la esquina del director-fundador” cada vez que lo creyera necesario, y sin autoridad de censura o edición por los directores circunstanciales. Hasta ahora, se han cumplido esas normas.

 

Fundación Juan Mari Brás

Esta Fundación se organiza con el propósito de preservar el legado de Juan Mari Brás y dar a conocer su pensamiento, su obra y su trayectoria de lucha por la independencia de Puerto Rico a actuales y futuras generaciones.
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